Rompiendo el silencio (gracias, cubo de Rubik)

9 11 2009

Hace 20 años, personas del común, con una euforia contenida por casi tres décadas, rompían a pedacitos el muro de Berlín. Hoy, después de tres largas semanas, con muchas preguntas contenidas, con mucha reflexión en ciernes, con incertidumbre-frustración-satisfacción, yo rompo en pedacitos el silencio de mi blog. Y agradezco que esto pase, entre otros, al maravilloso cubo de Rubik.

¿Recuerdan el famoso ‘cubo mágico’? Para mí, apenas empezando mi adolescencia, el cubo de Rubik fue un juguete muy atractivo… al menos los primeros días. En los noticieros uno podía ver a jóvenes japoneses moviendo frenéticamente las piezas del rompecabezas entre sus dedos y rompiendo marcas una tras otra. Recuerdo que lo armaban en 1 minuto con 30 segundos, luego en 1 minuto, más adelante en 50 segundos, hasta llegar a la increíble cifra de 30 segundos. No sé si después continuaron bajando la marca, pero yo llegué hasta ese número, porque me parecía casi de extraterrestres.

Por mi parte, al comienzo exploré con emoción el juguete; me encantaban esas líneas multicolores, formadas por cuadritos, y la movilidad del objeto. Luego de haberlo explorado, ya quería más: quería armarlo como lo hacían los japoneses. Poco a poco descubrí que se podían formar figuras con cada color (una ‘o’, una ‘u’, una cruz), pero de aquello nada; armarlo completamente se estaba convirtiendo en algo poco más que imposible.

Con el paso de los días, lo que era realmente delicioso se convirtió en algo realmente frustrante, agotador, estresante. Las tales técnicas para armar cara por cara y luego lograr la combinación precisa me sabían ‘a cacho’. Inclusive, llegué a tener ataques de rabia en los que me desquitaba con el mismo cubo, lanzándolo contra cualquier objeto contundente… hasta que lo desbaraté en 26 pequeños cubitos. Recuerdo que miré aquellos pedazos con una mezcla extraña de orgullo y tristeza. La tía entrañable que me había regalado el maravilloso juguete, quien estaba cerca de la escena, quizás entendió intuitivamente lo que había pasado, adivinó en mi cara la frustración y la rabia y me dijo con serenidad: “bueno, ¿por qué no intentas recomponerlo?, es otra manera de armarlo”.

Eso fue un momento revelador de mi vida; a pesar de la inexperiencia e inmadurez de mi temprana adolescencia, una vez que fui superando la impotencia de no poder armar el cubo, empecé a ‘armarlo’… de otro modo. Paulatinamente fui descubriendo el interior de ese juguete, y volvió a ser un objeto maravilloso. Me volví diestro en recomponer las piezas, en desentrañar el engranaje del cubo, en entender cómo funcionaba.

Esta semana entendí que con el ‘curso’ de e-learning me estaba pasando algo similar a mi experiencia con el cubo de Rubik. La analogía va de la emoción inicial, pasando por los estadios de incertidumbre, frustración, quizás algo de estrés, hasta la posibilidad de comprender que esto se trata también de una nueva manera de armar las cosas; y es aquí donde rescato enormemente esa invitación permanente a la reflexión, al ‘diálogo’, a la exposición pública de nuestras ideas, a buscar entre los miles de pedacitos del cubo (léase información), esas nuevas formas de armar, de construir, de borrar y empezar de nuevo.

paredes verdes luminosas

Elrn09, un cubo mágico

Muchas de las causas para el silencio, para el estrés, para el permanecer ‘quietos’ luego de esa euforia inicial, creo que las expuso acertadamente mi compañera Constanza Parra en su blog la semana anterior; comparto muchas de sus apreciaciones allí, por lo cual no vale la pena repetir ahora más de lo mismo. Y es que no poder armar el cubo genera ansiedad, inquietud, desmotivación, rabia… pero siempre hay una manera diferente de armarlo.

Ahora bien, una de las aristas que me causó más preguntas fue algo que planteó Diego hace ya varias semanas y tiene que ver con el poder de la evaluación y la tensión que puede generar; se cuestionaba también acerca de si la rúbrica tenía algo que ver con esto. ¿El poder para qué?, la frase famosa del político Darío Echandía rondó mi mente los días subsiguientes. Rememoré las varias veces -lo confieso con pudor- que he realizado los infames quices sorpresa, sólo como una manera de reafirmar quién tiene el poder en el aula. Me dijo alguna vez un estudiante, “profe, haga lo que haga, pórtese como se porte, invéntese lo que se invente, finalmente usted es el que tiene las listas de calificaciones”; pienso que en el fondo, y en la superficie, eso no se nos olvida a ninguna de las partes, y pesa y hace parte de esos lastres de la educación tradicional que cargamos soslayadamente.

Luego de leer detenidamente la rúbrica, comprendí que podía verse desde varias ópticas: una ruta muy clara, una herramienta de apoyo para el aprendiz, un bastón para el tutor y, claro está, un objeto generador de estrés. Traté de autoevaluarme con base en los criterios propuestos para descubrir que en algunas categorías estoy en nivel inicial, quizás en otras en desarrollo, algunas pocas en intermedio, y en todas deseando llegar al adelantado. No sé si eso esté lejano o no, pero sí sé que demanda mucho trabajo. Quizás ver ese nivel adelantado en un horizonte más allá de mi alcance inmediato me pudo generar estrés y desmotivación, pero luego de muchos interrogantes y cuestionamientos personales decidí que, al menos, en lo referente a la escritura -especialmente la del comentario crítico- lo haría con pleno rigor; quizás así abarcaría lo que la rúbrica demanda en esa categoría.

En el mismo sentido, me preguntaba si una persona debe cumplir o llenar todos los requisitos que la rúbrica exige: ¿Acaso alguien puede ser muy bueno en una de las categorías, pero no tan afortunado en otra de ellas?, y si esto es así, ¿qué pasa?, ¿el participante se ‘raja’? Igualmente, me parece que aunque la autoevaluación -si se realiza responsablemente- ofrece varios indicios de nuestro proceso de aprendizaje, sigue siendo necesaria la mirada externa, la retroalimentación de un tutor, docente o guía; cuando esta retroalimentación no es oportuna o es escasa, el participante puede experimentar que su proceso está ‘cojo’ o empezar a desmotivarse porque no encuentra puntos de referencia para seguir construyendo su ruta.

Por otra parte, sigo reiterando que la reflexión ES necesaria. Que la pedagogía, como hacer educativo reflexionado, no puede hacerse a un lado para que la didáctica del hacer, del pragmatismo, irrumpa con toda su velocidad y nos deje ‘boquiabiertos’ en el camino.  Pero si no existen los escenarios de discusión, de debate, de sentarse a pensar, será difícil que esto ocurra, y la reflexión se seguirá dejando para mejores oportunidades, cuando en realidad la oportunidad siempre es ahora. ¿O quizás es que la pedagogía sea otra cosa ahora y no la veamos?, pero por otro lado, ¿cómo verla si no le damos espacio a la reflexión?

Esto de ser aprendices permanentes duele un poco, porque desacomoda, nos desplaza de lugares confortables, nos saca de la zona de seguridad a la que nos acostumbramos, nos cuestiona, remueve los cajones de la cabeza, nos exige movimiento. Y tal vez venimos de escenarios donde estar ‘quietos’ es suficiente para sobrellevar la cotidianidad.

En suma, esta experiencia de aprendizaje, a través de elrn09, ha sido un redescubrir del cubo de Rubik, una nueva manera de armar y desarmar, de tratar de mirar los engranajes, de cuestionar lo que estamos haciendo y lo que hemos dejado de hacer. Un verdadero cubo mágico.

Paréntesis final: ahora que vi el tráiler de la película “2012“, de tema apocalíptico -tan de moda por estos tiempos- no pude dejar de preguntarme qué pasaría si un evento de tal naturaleza ocurriera y nos despojara de la posibilidad de utilizar la tecnología: ¿qué ocurriría con nosotros?, ¿entenderíamos finalmente la utilidad de las herramientas?, ¿comprenderíamos nuestra humanidad?

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5 responses

12 11 2009
Diego Leal

Como tal vez todos han notado, estas últimas semanas me han puesto bastante sensible frente a la identificación de esos lastres que mencionas, y que cargamos sin darnos cuenta. Me pregunto por qué resulta tan difícil evidenciarlos, y qué podemos hacer para confrontarlos y superarlos en etapas tempranas de un curso como este…

Mi impresión es que esos lastres, a la larga, terminan convirtiéndose en esas “técnicas para armar el cubo”, con las que terminamos frustrados a veces. Visto de esa manera, es completamente natural la frustración, pues definitivamente las técnicas y estrategias que nos han funcionado en el pasado pueden no funcionar tan bien aquí….

Estoy pensando, por ejemplo, en la estrategia de “hacer un trabajo para entregar al final”, o la de “salir bien en el examen”, o la de “ir a clase y sentarme bien adelante para que se me vea el interés”. Aunque nos encanta hablar de la importancia de lo formativo, y no sólo de lo sumativo, ahora empiezo a ver que estos medios pueden convertirse en realidad en una gran amenaza no sólo para los docentes, sino para los estudiantes que estamos acostumbrados a esas técnicas y estrategias que toda la vida nos han funcionado…

Inquietante asunto, que no había podido ver antes, y que es hasta el momento una de mis grandes lecciones en este proceso. Tan importante como el asunto de la evaluación. Cada vez me cuesta más trabajo entender qué significa, exactamente, “rajarse”. Significa que nunca voy a aprender? No. Significa que no entendí las cosas ‘de la manera’ que debía entenderlas? A veces (lo cual es completamente cuestionable, por cierto, en especial en áreas donde no hay ‘una’ respuesta).

No puedo evitar preguntarme por qué todo el proceso de aprendizaje terminó girando alrededor de la evaluación, y pero aún, de la calificación. Es inquietante ver que estas son cosas que están allí, a la vista de todos, y que todos aceptamos prácticamente como una ley natural, completamente incuestionable.

Un último detalle que sigue rondando mi cabeza es el referente a la necesidad de contar con un evaluador externo. Por qué nos hace tanta falta? No debería el sistema formal darnos, precisamente, herramientas para “vivir sin él” (pues de hecho es así como vivimos la mayor parte de nuestras vidas)? Estas son preguntas que todavía no logro agarrar muy bien, pero que me inquietan mucho, pues no logro pensar en la autonomía ligada a la necesidad de un observador externo que evalúa mi proceso. Estoy completamente de acuerdo en la utilidad de los guías, pero me asusta cuando su ausencia se convierte en motivo de desmotivación…

En fin, dudas y más dudas. Un buen cierre para el curso, supongo! 😀

13 11 2009
Roberto Aguas

Alguien dijo: “La mayoría de los problemas no pueden resolverse al nivel como están siendo expuestos. Es indispensable replantearlos y situarlos en un nuevo contexto. Solo así se podrán descubrir nuevas oportunidades. Solo así se podrá ganar el futuro”.

Tu rompiste el paradigma tradicional de armar el cubo… Lo estrellaste… Rompiste ese paradigma y ganó tu futuro porque fuiste capaz de buscar nuevas formas de armar tu Rubik.

Ya entiendo lo reveladora de tu experiencia.

15 11 2009
Jorge

Muy claro el simil, diste en el clavo en forma muy didáctica, me siento muy orgulloso de ti y de tus pensamientos, ojalá más personas tengan acceso a tus criterios y pensamientos. Sigue escribiendo en esa forma acertada y clara para ver si pronto, confiando en Dios, se publica lo que expones para bien de todo el mundo pedagógico y de la palabra bien escrita. Adelante.

16 11 2009
María Elena

Cuando nos enfrentamos a alguna forma de educación a distancia (yo incursioné en los primeros intentos hace muchísimos años) siempre surgen interrogantes y desesperanzas parecidos. Porque a la par de que es un medio necesario por muchas razones y más aún en países de sitios de tan difícil acceso, hay dificultades que no se pueden soslayar. Y que quienes se atreven a estudiar mediante estos recursos sienten día a día. Y que no son los mismos de la educación presencial. Quizás hay algo que es evidente: la soledad del estudiante y la carga agobiante de información -mucha de ella, información chatarra. Por ello, desde hace mucho se planteó la necesidad de algunos eventos presenciales que permitieran el intercambio “face to face” y la posibilidad del contacto no virtual con otros. ¿Será posible eso en la era de la virtualización? No lo sé. Pero quizás valdría la pena pensar en ello, porque en la rutina actual la palabra que más aparece es el estres, el agobio, la incomunicación pese a la cantidad de comunicación (una paradoja). Pero para eso estamos, para pensar soluciones y para encontrarlas entre todos.
!Ah, gracias por la mención! Fue reconfortante. Y ojalá superes los problemas de tiempo y las incertidumbres para que sigas deleitándonos con tu agradable e inteligente forma de escribir.

18 11 2009
Isabel Cristina Bettín

Hernán: No solo rompiste el paradigma de armar el cubo, rompiste el paradigma de la maestría y de la cotidianidad, lograste de manera metafórica mover el piso de la intelectualidad y de la actividad académica como tal.
Fue un estupendo final del curso y el inicio de nuevas experiencias educativas y formativas.

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