¿El poder para qué?

28 11 2009

Y ahora, ¿qué evaluar?

Bajo este título adelanto la escritura de un artículo que pretende discurrir acerca de algunos cuestionamientos iniciales a las relaciones de poder generadas por la evaluación en los ambientes virtuales de aprendizaje. Me parece que el tema de la evaluación en este tipo de escenarios aún tiene mucho por explorarse. A continuación, la introducción de dicho texto…

Tradicionalmente la evaluación se ha considerado una herramienta que permite determinar cómo está funcionando determinado proceso educativo, tanto por parte del docente como por parte del estudiante; pero, evidentemente, es este último quien ha resultado más ‘evaluado’, por estimarse que es él el sujeto de enseñanza y aprendizaje.

También desde un enfoque clásico, la evaluación se asume como un instrumento para medir: tasa el rendimiento de un estudiante según el rasero del profesor, quien ha impartido un conocimiento para que el alumno lo copie, memorice la mayor parte de él, lo reproduzca y reciba en contraprestación un número por esa labor.

En el mismo sentido, cabe reconocer que la evaluación se convirtió así en un mecanismo de control, de presión –algunas veces de opresión-, que en determinadas circunstancias se erigía como el ‘arma’ de los maestros en la ‘lucha’ contra sus estudiantes.

Innegablemente, desde aquellas perspectivas, es fácil llegar a la inferencia de que la evaluación generaba –y sigue generando- relaciones de poder casi verticales, entre un superior y sus subordinados (profesor – estudiantes), y, por supuesto, esto engendraba –y lo sigue haciendo- un sinnúmero de tensiones entre ambas partes, generalmente resueltas bien sea positiva (cuando el estudiante ‘pasa’), o negativamente (cuando ‘se queda’); pero, realmente, quién se preguntaba por el aprendizaje real ocurrido o cuál había sido el papel del profesor en este proceso. Quizás el sistema educativo bebió mucho de esta fuente y dejó atrofiado en buena parte su sistema hepático: es decir, el encargado de regular, drenar y limpiar.

Ahora bien, ¿qué pasa con la evaluación en nuevos escenarios educativos? Con la intervención de las tecnologías y la amplia difusión de plataformas y aulas virtuales de aprendizaje, los modos de hacer la educación se has transformado, pero ¿habrá ocurrido lo mismo con la evaluación?, ¿existen nuevas relaciones de poder, generadas por la evaluación, en un ambiente virtual de aprendizaje? Claro está, aquí no se pretende agotar su respuesta, sino ofrecer algunos indicios preliminares y dejar abierto el espacio para una profundización posterior.





elrn09, ¿el cierre?

22 11 2009

Traté de hacer una página web que recogiera mi impresión final del curso elrn09, algunos conceptos importantes -según mi óptica- y, más que todo, un escenario personal en el que volqué mi percepción como participante de la experiencia. La página se hizo utilizando la herramienta de diseño de uso libre que se encuentra en www.wix.com

Aquí los invito a conocer esta sencilla página… Perdonen los errores de principiante, gracias.

http://www.wix.com/hdcadena/final-elrn09




Rompiendo el silencio (gracias, cubo de Rubik)

9 11 2009

Hace 20 años, personas del común, con una euforia contenida por casi tres décadas, rompían a pedacitos el muro de Berlín. Hoy, después de tres largas semanas, con muchas preguntas contenidas, con mucha reflexión en ciernes, con incertidumbre-frustración-satisfacción, yo rompo en pedacitos el silencio de mi blog. Y agradezco que esto pase, entre otros, al maravilloso cubo de Rubik.

¿Recuerdan el famoso ‘cubo mágico’? Para mí, apenas empezando mi adolescencia, el cubo de Rubik fue un juguete muy atractivo… al menos los primeros días. En los noticieros uno podía ver a jóvenes japoneses moviendo frenéticamente las piezas del rompecabezas entre sus dedos y rompiendo marcas una tras otra. Recuerdo que lo armaban en 1 minuto con 30 segundos, luego en 1 minuto, más adelante en 50 segundos, hasta llegar a la increíble cifra de 30 segundos. No sé si después continuaron bajando la marca, pero yo llegué hasta ese número, porque me parecía casi de extraterrestres.

Por mi parte, al comienzo exploré con emoción el juguete; me encantaban esas líneas multicolores, formadas por cuadritos, y la movilidad del objeto. Luego de haberlo explorado, ya quería más: quería armarlo como lo hacían los japoneses. Poco a poco descubrí que se podían formar figuras con cada color (una ‘o’, una ‘u’, una cruz), pero de aquello nada; armarlo completamente se estaba convirtiendo en algo poco más que imposible.

Con el paso de los días, lo que era realmente delicioso se convirtió en algo realmente frustrante, agotador, estresante. Las tales técnicas para armar cara por cara y luego lograr la combinación precisa me sabían ‘a cacho’. Inclusive, llegué a tener ataques de rabia en los que me desquitaba con el mismo cubo, lanzándolo contra cualquier objeto contundente… hasta que lo desbaraté en 26 pequeños cubitos. Recuerdo que miré aquellos pedazos con una mezcla extraña de orgullo y tristeza. La tía entrañable que me había regalado el maravilloso juguete, quien estaba cerca de la escena, quizás entendió intuitivamente lo que había pasado, adivinó en mi cara la frustración y la rabia y me dijo con serenidad: “bueno, ¿por qué no intentas recomponerlo?, es otra manera de armarlo”.

Eso fue un momento revelador de mi vida; a pesar de la inexperiencia e inmadurez de mi temprana adolescencia, una vez que fui superando la impotencia de no poder armar el cubo, empecé a ‘armarlo’… de otro modo. Paulatinamente fui descubriendo el interior de ese juguete, y volvió a ser un objeto maravilloso. Me volví diestro en recomponer las piezas, en desentrañar el engranaje del cubo, en entender cómo funcionaba.

Esta semana entendí que con el ‘curso’ de e-learning me estaba pasando algo similar a mi experiencia con el cubo de Rubik. La analogía va de la emoción inicial, pasando por los estadios de incertidumbre, frustración, quizás algo de estrés, hasta la posibilidad de comprender que esto se trata también de una nueva manera de armar las cosas; y es aquí donde rescato enormemente esa invitación permanente a la reflexión, al ‘diálogo’, a la exposición pública de nuestras ideas, a buscar entre los miles de pedacitos del cubo (léase información), esas nuevas formas de armar, de construir, de borrar y empezar de nuevo.

paredes verdes luminosas

Elrn09, un cubo mágico

Muchas de las causas para el silencio, para el estrés, para el permanecer ‘quietos’ luego de esa euforia inicial, creo que las expuso acertadamente mi compañera Constanza Parra en su blog la semana anterior; comparto muchas de sus apreciaciones allí, por lo cual no vale la pena repetir ahora más de lo mismo. Y es que no poder armar el cubo genera ansiedad, inquietud, desmotivación, rabia… pero siempre hay una manera diferente de armarlo.

Ahora bien, una de las aristas que me causó más preguntas fue algo que planteó Diego hace ya varias semanas y tiene que ver con el poder de la evaluación y la tensión que puede generar; se cuestionaba también acerca de si la rúbrica tenía algo que ver con esto. ¿El poder para qué?, la frase famosa del político Darío Echandía rondó mi mente los días subsiguientes. Rememoré las varias veces -lo confieso con pudor- que he realizado los infames quices sorpresa, sólo como una manera de reafirmar quién tiene el poder en el aula. Me dijo alguna vez un estudiante, “profe, haga lo que haga, pórtese como se porte, invéntese lo que se invente, finalmente usted es el que tiene las listas de calificaciones”; pienso que en el fondo, y en la superficie, eso no se nos olvida a ninguna de las partes, y pesa y hace parte de esos lastres de la educación tradicional que cargamos soslayadamente.

Luego de leer detenidamente la rúbrica, comprendí que podía verse desde varias ópticas: una ruta muy clara, una herramienta de apoyo para el aprendiz, un bastón para el tutor y, claro está, un objeto generador de estrés. Traté de autoevaluarme con base en los criterios propuestos para descubrir que en algunas categorías estoy en nivel inicial, quizás en otras en desarrollo, algunas pocas en intermedio, y en todas deseando llegar al adelantado. No sé si eso esté lejano o no, pero sí sé que demanda mucho trabajo. Quizás ver ese nivel adelantado en un horizonte más allá de mi alcance inmediato me pudo generar estrés y desmotivación, pero luego de muchos interrogantes y cuestionamientos personales decidí que, al menos, en lo referente a la escritura -especialmente la del comentario crítico- lo haría con pleno rigor; quizás así abarcaría lo que la rúbrica demanda en esa categoría.

En el mismo sentido, me preguntaba si una persona debe cumplir o llenar todos los requisitos que la rúbrica exige: ¿Acaso alguien puede ser muy bueno en una de las categorías, pero no tan afortunado en otra de ellas?, y si esto es así, ¿qué pasa?, ¿el participante se ‘raja’? Igualmente, me parece que aunque la autoevaluación -si se realiza responsablemente- ofrece varios indicios de nuestro proceso de aprendizaje, sigue siendo necesaria la mirada externa, la retroalimentación de un tutor, docente o guía; cuando esta retroalimentación no es oportuna o es escasa, el participante puede experimentar que su proceso está ‘cojo’ o empezar a desmotivarse porque no encuentra puntos de referencia para seguir construyendo su ruta.

Por otra parte, sigo reiterando que la reflexión ES necesaria. Que la pedagogía, como hacer educativo reflexionado, no puede hacerse a un lado para que la didáctica del hacer, del pragmatismo, irrumpa con toda su velocidad y nos deje ‘boquiabiertos’ en el camino.  Pero si no existen los escenarios de discusión, de debate, de sentarse a pensar, será difícil que esto ocurra, y la reflexión se seguirá dejando para mejores oportunidades, cuando en realidad la oportunidad siempre es ahora. ¿O quizás es que la pedagogía sea otra cosa ahora y no la veamos?, pero por otro lado, ¿cómo verla si no le damos espacio a la reflexión?

Esto de ser aprendices permanentes duele un poco, porque desacomoda, nos desplaza de lugares confortables, nos saca de la zona de seguridad a la que nos acostumbramos, nos cuestiona, remueve los cajones de la cabeza, nos exige movimiento. Y tal vez venimos de escenarios donde estar ‘quietos’ es suficiente para sobrellevar la cotidianidad.

En suma, esta experiencia de aprendizaje, a través de elrn09, ha sido un redescubrir del cubo de Rubik, una nueva manera de armar y desarmar, de tratar de mirar los engranajes, de cuestionar lo que estamos haciendo y lo que hemos dejado de hacer. Un verdadero cubo mágico.

Paréntesis final: ahora que vi el tráiler de la película “2012“, de tema apocalíptico -tan de moda por estos tiempos- no pude dejar de preguntarme qué pasaría si un evento de tal naturaleza ocurriera y nos despojara de la posibilidad de utilizar la tecnología: ¿qué ocurriría con nosotros?, ¿entenderíamos finalmente la utilidad de las herramientas?, ¿comprenderíamos nuestra humanidad?





Percepciones y realidades 2 (concluyendo las entrevistas)

17 10 2009
Piden la palabra

Piden la palabra

Puedo decir que hablé con varias personas al respecto de la educación y las tecnologías; algunos mayores, otros muy jóvenes, varios contemporáneos; colegas, estudiantes, familia, amigos… y lo que pude concluir, en primera instancia, es que todos tienen o quieren decir algo acerca de la tecnología. A algunos los asusta aunque no lo manifiesten directamente: “… es que… eso de no tener el control, o no entender lo que ocurre en la máquina mientras uno la utiliza es como tenaz, ¿no?”. Sobre otros ejerce casi un encantamiento: “son lo mejor… no sé cómo ha sobrevivido el hombre sin ellas, parece magia todo lo que transforman”. Hay quienes las atacan visceralmente: “nos han deshumanizado por completo, son una plaga y hay que crear un frente común para impedir que sigan avanzando y nos despersonalicen del todo”; y tienen su contraparte, los escuderos que las defienden a capa y espada: “¡son el futuro y el ahora! Estarán en todo y no será posible concebir una persona, incluso una sociedad, sin que las tecnologías intervengan en ella”.

Para los más jóvenes, la importancia de las TIC se podría medir por la cantidad de relaciones que genera con otros pares; su utilidad como plataforma social parece prevalecer por encima de cualquier otra consideración; son fundamentales para su discurrir como jóvenes porque les permiten ponerse en contacto con otros. Sin embargo, pareciera que en el fondo de esto subyace un profundo sentir de soledad (y esto es una percepción mía). Por otra parte, desde su perspectiva, las tecnologías son útiles porque les facilitan su trabajo cotidiano como estudiantes, algunas veces cayendo en lo que ellos mismos reconocen como facilismo. Lo relevante aquí, en mi concepto, es que en efecto sí hay nuevas formas de relacionarse, y la mediación tecnológica es clave en esto; por tanto, como educadores, me parece necesario que reflexionemos en estos escenarios como nuevos espacios en los que el aprendizaje tiene que aparecer. Si cercenamos esto, en lugar de propiciar un ambiente apropiado para el aprendizaje, tendríamos conflicto. Además, pienso que aquí nos merecemos muchas preguntas y mucha investigación para llegar a las respuestas. Para finalizar este apartado de los jóvenes (hablé con algo más de 20, entre 17 y 22 años), me parece importante mencionar que, en su gran mayoría, aunque reconocen la importancia de las tecnologías en la educación, tienen claro que la figura del profesor no debe desaparecer… confieso que esto me asombró gratamente, pero también hizo que me preguntara: ¿qué tipo de profesor esperan ellos, para qué tipo de educación? A veces quienes estamos del lado de la pizarra pensamos apresuradamente que los alumnos son extremadamente pasivos, pero quizás no les concedemos los espacios adecuados para que dejen de serlo.

En cuanto a los contemporáneos, tanto colegas como amigos y familia, hay opiniones divididas: algunos de ellos, ciertamente, no son usuarios frecuentes de TIC, por lo cual -aunque reconocen su importancia en la sociedad- la ven como algo ajeno que no los trasnocha, y miran de soslayo, a veces con sospecha, a quienes son usuarios frecuentes. En cuanto a estos, algunos se asemejan a los más jóvenes en su utilización como plataforma de conectividad con otros, sólo que con más ‘juguetes’ (me refiero a los tecnológicos).

Ahora bien, aún resuenan en mi cabeza las palabras de una colega sobre la incredulidad en la educación mediada por lo virtual: “jamás tendrá la misma calidad de la educación presencial”, pontificaba severamente, secundada por otro par de docentes, uno de los cuales, luego de meditar un poco dijo: “bueno, quizás en niveles de posgrado obtenga mejores resultados, pero más abajo es bastante dudoso que se logre algo significativo”. Interesantes imaginarios sobre los que se podría abrir una línea de profundización; y también me surge un cuestionamiento: ¿acaso los niveles anteriores a posgrado están “más abajo”?

Pero quizás una de las charlas más enriquecedoras la sostuve con otro profesor, muy joven, filólogo y lingüista, con una postura crítica muy bien fundamentada frente a la intervención de las nuevas tecnologías en educación, alejado de la posición que sataniza las TIC, plenamente consciente del papel enriquecedor que pueden y deben jugar en los procesos educativos, pero seriamente preocupado (como yo lo he estado desde hace un buen tiempo), acerca del afán de ‘enchufarnos’ a la red sin la debida reflexión. Manifestaba él, y yo comparto esta postura, que en nuestras latitudes -contadas excepciones- hemos vivido los ‘destiempos’ a todo nivel, saltándonos precipitadamente varios procesos de desarrollo, necesarios para madurar como sociedad; tal situación explica, en buena parte, los frecuentes encuentros y desencuentros que vive el sector educación cuando trata de incorporar las tecnologías a su cotidianidad, incluyendo por supuesto a estudiantes, docentes y directivos.

Finalmente, mientras leía en mi cuaderno los desordenados apuntes de estas entrevistas, pensaba en cómo sería un futuro hipotético sin la posibilidad de la palabra conversada, dialogada, debatida, gestual, percibida cara a cara… ¡un desperdicio!





Percepciones y realidades 1 (haciendo entrevistas sobre tecnología, aprendizaje y educación)

4 10 2009
Hora de preguntar

Hora de preguntar

Esto de las entrevistas me pareció sensacional, pues dentro de mi formación como periodista la entrevista es una herramienta vital, y más allá de la estructura formal pregunta-respuesta, me encanta generar conversaciones más que entrevistas; estoy convencido que hablar con la gente, indagar sus maneras de pensar, escuchar sus opiniones, observar sus gestos, percibir sus tonos y demás, es fundamental para apropiarse del entorno y para poner en perspectiva nuestra propias creencias (no me refiero a las religiosas), al confrontarlas con las de otros.

Trato de ser muy observador; a partir de este hecho, genero reflexiones, construyo percepciones. Pero es aquí donde la entrevista me permitirá transformar esas percepciones en elementos que me permitan avanzar en mi investigación y aproximarme a hechos concretos, a conlusiones más o menos cercanas a la realidad que vivimos en el ámbito educativo con TIC; o, al menos, eso intentaré.

En el próximo post intentaré plasmar lo más importante que haya podido extraer de las entrevistas, o mejor, de los entrevistados.





Ambiente Personal de Aprendizaje, Downes, Diego Leal… y mis cuestionamientos

1 10 2009
Luces, muchas luces

Luces, muchas luces

¿Por dónde empezar? Luego de la lectura de Downes el panorama se amplió, ciertamente, pero también confirmé que sí hay unas áreas en las que quiero seguir profundizando y en las cuales espero especializarme de manera seria y concienzuda, volverlas parte de mi proyecto profesional de vida.

Esos escenarios son los que tienen que ver, precisamente, con ambientes personales de aprendizaje, pues me parece un campo de exploración y de trabajo que ofrece mucha riqueza para alguien interesado en trabajar en el ámbito educativo; relacionado con esto, el tema de gestión de aprendizaje también me parece relevante para mis expectativas académicas y laborales.

Particularmente revelador, llamó mucho mi atención el apartado de “lo que no es”, pues ciertamente hoy en día se habla mucho de estos temas, pero las fronteras entre una y otra cosa tienden a ser difusas, así que me parece un campo de exploración, de investigación y de profundización muy valioso para el trabajo académico.

De cierta manera, lo anterior pude relacionarlo con mi proyecto de investigación y práctica de la maestría, sobre la fundamentación pedagógica del b-learning, pues varias de las preguntas orientadoras de mi problema le apuntan a saber qué es lo que hace que el b-learning sea considerado b-learning y no otra cosa.

Precisamente, y me encantó leer este segmento expresado por el mismo Downes, la convergencia que le apunta al aprendizaje mixto (b-learning), en la que gradualmente se da una suerte de agregación entre las diferentes formas de aprendizaje, será relevante en el futuro de la educación; aquí está el eje de mi proyecto e investigación, por lo cual es un tema de mi total interés.

Finalmente, pero no de manera excluyente con todos los otros temas, el asunto de la independencia de lugar me parece clave para el desarrollo de ambientes de aprendizaje efectivos. Es, en cierto modo, validar al mundo como un escenario idóneo para el aprendizaje, más allá de las aulas; y puede sonar una obviedad, pero el peso que cargamos luego de cientos de años de educación formal ha generado que se desestime cualquier tipo de ejercicio educativo que no se realice en el aula, cuando en realidad tenemos a nuestra disposición una gran aula de puertas y ventanas abiertas llamada universo.

Ahora bien, dos reflexiones de Downes que me calan profundamente y que yo ya había empezado a ‘masticar’ personalmente hace algún tiempo tienen que ver con el hecho de que la educación en línea no puede ser una mera transcripción de los contenidos presenciales a una plataforma virtual, uno; y dos, que el auge de la educación en línea no significa que la profesión docente acabe, sino que esa ‘automatización’ posibilita una completa personalización del aprendizaje, así como la especialización de los profesores en diferentes momentos y escenarios del proceso educativo.

Y ya que menciono la reflexión, me parece que ésta sigue siendo una convidada de piedra en los asuntos de educación en línea, virtual, mediada por TICs o similares. Pero sigue siendo necesaria, vital, sustancial, para no correr el riesgo de caer en la mera operacionalización o en el hacer frenético que nos lleva a introducir cables, hardware y software en todo, pero sin pensar cómo, de qué maneras, a quiénes, por qué motivos, en qué dosis, o simplemente no hacerlo.

En cuanto a preguntas, son muchas las que rondan mi cabeza, pero haciendo un filtro con el cedazo de la pasión racional, me quedaré con las siguientes; y creo conveniente aclarar que las preguntas me surgieron más a raíz de la presentación de Diego Leal, que de la lectura de Downes, pues tal vez me sentí identificado con su manera de concebir el aprendizaje y porque es un apasionado de los videojuegos, cosa que a mí también me inquieta. La primera es: ¿Se produce una diferencia ahora entre los ambientes virtuales de aprendizaje y los ambientes personales de aprendizaje, como se daba hace un tiempo entre educación presencial y educación virtual? Y la segunda: ¿Con los Ambientes Personales de Aprendizaje sobrevienen nuevos conceptos pedagógicos, se transforman los existentes, o sencillamente no hay? Espero tener el tiempo, la disposición y la claridad mental suficientes para responder adecuadamente a estos interrogantes.

En cuanto a mi propio ambiente personal de aprendizaje, diseñé un sencillo mapa que adjunto a este post, en el que traté de distribuir temporalmente los componentes, pues con eso quise dar la idea de cómo este tipo de ambientes es modificable en la medida en que avanzamos en este camino que llamamos vida.

Mi A.P.A

Mi A.P.A





¡Música, maestro!

17 08 2009

De entrada, ofrezco excusas por dejar pasar tanto tiempo sin actualizar el blog, pero trataré de subsanar esto en el futuro inmediato. En uno de los módulos de la Maestría en Informática Educativa, el de Enseñanza y Aprendizaje en la Sociedad del Conocimiento, a propósito del tema de los Ambientes de Aprendizaje, tratando de abordar un concepto que pudiera definirlos y de establecer los elementos que los componen, se llegó a la figura de la orquesta sinfónica como un buen parangón para lo que puede ser un AA.

En una orquesta de esta naturaleza, los músicos interpretan melodías en diversos instrumentos, bajo la batuta del director, y se puede decir que la armonía es la que rige en este escenario. Ahora bien, entendiendo que la planeación es o debería ser un elemento clave dentro de los AA, se nos ocurrió que en una orquesta los músicos, eventualmente, pueden improvisar y producir música agradable, pero que luego de un momento necesitan apoyarse de nuevo en una partitura para ‘retomar’ el rumbo. Esta suposición nos hizo pensar en qué papel análogo desarrolla cada elemento de la orquesta confrontado con la educación, y en mi caso particular, la pregunta que todavía me sigue dando vueltas en la cabeza es: ¿cuál es la partitura en educación?

La pregunta tiene un trasfondo muy amplio, especialmente cuando -a pesar de los buenos esfuerzos de los últimos años por mejorar la calidad y el alcance de la educación- seguimos viviendo los bandazos de la improvisación en el plano educativo nacional, en el que muchas veces se confunde calidad con cobertura y en el que, lamentablemente, los vicios políticos se transfieren a las prácticas administrativas escolares, mismas que terminan permeando de un modo u otro las ejecuciones en las aulas de clase.

A pesar de ello, de todas maneras se produce música -y muy buena- en muchos lugares del país y en todos los niveles. Sólo a modo de ejemplo, baste mencionar el biblioburro en el departamento del Cesar, y la escuela de lectura y filosofía en los Altos de Cazucá, inmediaciones de Bogotá; dos casos en los que heroicos maestros han compuesto partituras magistrales a partir de la nada, de las carencias, de la idea que la educación, como la música, es alimento para el alma.

En fin, seguiré cavilando sobre esa pregunta que merece ser respondida pausadamente: ¿cuál es la partitura en educación?

Aquí también está la música

Aquí también está la música